Crónica de una victoria anunciada. Iowa desde adentro, por Juan Carlos Maimone.
La lluvia había afectado todos los horarios y con ellos, la puesta a punto delos autos y hasta los pronósticos más reservados. Sin embargo; en el seno del equipo de Sam Schmidt, reinaba la tranquilidad o mejor dicho, esa ligera confianza que se reparte en cada uno de los componentes cuando se sabe que se cuenta con los autos y los pilotos que más allá de cualquier circunstancia, pueden estar adelante. Las prácticas y la clasificación, así lo adelantaban.
Y no se equivocaron… Cuando la bandera verde se agitó en la medianoche de Iowa, Vautier, Guerrieri y Carbone arrancaron como para no dejar dudas y aunque el francés lograba una ligera ventaja y Gustavo Yacamán le disputaba la tercera posición al brasilero, el más sereno y pensante por entonces, era Esteban Guerrieri, un planificador inclaudicable que regula su ritmo minuto a minuto, acorde a las circunstancias y que generalmente - sobre todo en el automovilismo de hoy – rinde los dividendos esperados.
Desertaba Sebastián Saavedra al promediar la competencia y Carlos Muñoz luchaba con la indocilidad de su auto, el resto, salvo alguno que otro intento de Ostela, se desvanecía ante la diferencia demasiado acentuada que marcaban los cuatro de adelante.
Cumplida la mitad de la competencia, comenzó para los líderes la difícil tarea de pasar a los rezagados y el andar del piloto argentino se hizo más agresivo poniendo en tela de juicio la vanguardia en las manos de Vautier. Entonces ocurrió lo que los comisarios deportivos habían observado del francés y era esa tendencia a no mirar los espejos y cerrar su línea. Entonces se produjo el bloqueo al piloto de Pistas Argentinas que se había hecho de la cuerda y que le costó la pasada por los boxes al francés.
Guerrieri se apoderó de la punta de la competencia y solidificó la diferencia con respecto a Yacamán y Carbone que llegó a ser de hasta 8 segundos. Ya en las postrimerías (faltando 6 vueltas) sobrevino una bandera amarilla, pero era tard y muy a pesar de que las diferencias se acortaron dramáticamente, Guerrieri ya había impuesto un ritmo con visos de inalcanzable.
Fue triunfo del piloto argentino. Intuido, pensado, inobjetable, pero que además, lo devuelve a lo más alto de un campeonato que hoy por hoy, parece hecho para él.
Y no se equivocaron… Cuando la bandera verde se agitó en la medianoche de Iowa, Vautier, Guerrieri y Carbone arrancaron como para no dejar dudas y aunque el francés lograba una ligera ventaja y Gustavo Yacamán le disputaba la tercera posición al brasilero, el más sereno y pensante por entonces, era Esteban Guerrieri, un planificador inclaudicable que regula su ritmo minuto a minuto, acorde a las circunstancias y que generalmente - sobre todo en el automovilismo de hoy – rinde los dividendos esperados.
Desertaba Sebastián Saavedra al promediar la competencia y Carlos Muñoz luchaba con la indocilidad de su auto, el resto, salvo alguno que otro intento de Ostela, se desvanecía ante la diferencia demasiado acentuada que marcaban los cuatro de adelante.
Cumplida la mitad de la competencia, comenzó para los líderes la difícil tarea de pasar a los rezagados y el andar del piloto argentino se hizo más agresivo poniendo en tela de juicio la vanguardia en las manos de Vautier. Entonces ocurrió lo que los comisarios deportivos habían observado del francés y era esa tendencia a no mirar los espejos y cerrar su línea. Entonces se produjo el bloqueo al piloto de Pistas Argentinas que se había hecho de la cuerda y que le costó la pasada por los boxes al francés.
Guerrieri se apoderó de la punta de la competencia y solidificó la diferencia con respecto a Yacamán y Carbone que llegó a ser de hasta 8 segundos. Ya en las postrimerías (faltando 6 vueltas) sobrevino una bandera amarilla, pero era tard y muy a pesar de que las diferencias se acortaron dramáticamente, Guerrieri ya había impuesto un ritmo con visos de inalcanzable.
Fue triunfo del piloto argentino. Intuido, pensado, inobjetable, pero que además, lo devuelve a lo más alto de un campeonato que hoy por hoy, parece hecho para él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario