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martes, 8 de mayo de 2012

F1 El Gran Premio de Austin, en la cuerda floja Por increíble que parezca, retrasos en la construcción del autódromo texano que debe recibir a la F1 en noviembre ponen en duda la carrera



AUSTIN , TEXAS, 7 de mayo.-  Por increíble que parezca, a casi seis meses de que regrese la Fórmula 1 a Estados Unidos, la mala gestión que está realizando la empresa promotora de la carrera está poniendo en riesgo una de las mejores oportunidades que ha tenido este país en su historia para cuajar un exitoso Gran Premio.
Confirmado inicialmente para el mes de junio y poco después reagendado para el 18 de noviembre (en la penúltima fecha del calendario 2012) el regreso de la máxima categoría a Estados Unidos comenzó como un cuento de hadas.
Tras varios años de trabajo, el empresario mexicano Tavo Hellmund logró reunir una larga lista de elementos alrededor de esta carrera, incluido el apoyo gubernamental de la ciudad de Austin y del Estado de Texas, y con un piloto mexicano dando de qué hablar en la F1, era fácil imaginar la respuesta de la afición de ciudades como Dallas, Houston, El Paso, San Antonio y sus alrededores, así como de todos los mexicanos que con facilidad podrían emular en este circuito una especie de Gran Premio de México.
El recinto, nombrado Circuito de las Américas, en alusión al hipódromo más famoso de nuestro país, fue presentado como uno de los más modernos y divertidos que jamás se hayan visto en la F1.
La idea de esta pista era darle a los pilotos y a los aficionados un escenario donde pudieran disfrutar de una carrera única. La experiencia de Tavo Hellmund, en carreras de Nascar y otras categorías en Europa, le sirvieron para imaginar un circuito en el que los autos se vieran durante mucho tiempo para que la gente, incluso la que no entiende mucho de carreras, no perdiera interés por la competencia.
A finales del año pasado, Hellmund confesaba a Excélsior que su idea para este GP era competir con los mejores espectáculos del mundo, y nos relató que, a diferencia de otros países donde se presenta la F1, en Estados Unidos los espectáculos ofrecen una experiencia única y fascinante, por lo que no pensaba desperdiciar la gran oportunidad que tenía para consagrar un Gran Premio memorable en el país del show business.
Así, se iba armando este gran sueño, con el gobierno comprometido a apoyar la carrera: la ciudad de Austin y el estado de Texas aportarían, al final de diez años, prácticamente el costo del circuito, y Bernie Ecclestone, dueño de los derechos comerciales de la Fórmula 1, otorgando un contrato por diez años con uno de los mejores precios del calendario mundial (el mejor de las más recientes adhesiones a la categoría).
Con el trazado ya definido, en el verano de 2011 David Coulthard llevó el Red Bull  campeón del mundo y le dio alas al circuito que en ese momento (como hasta hace unos días) no tenía una sola gota de asfalto, las imágenes le dieron la vuelta al mundo y se esperaba que ésta fuera la primera de una serie de activaciones que irían calentando una gran carrera, lamentablemente no ha sido así.
La cancelación de los trabajos en la pista fue la siguiente gran noticia proveniente desde Austin. Fuentes cercanas nos dejaron saber que el incumplimiento de los socios capitalistas con Ecclestone fue lo que los obligó a renegociar el contrato tan favorable que tenían.
Después de varios días de suspenso la empresa COTA anunciaba que tras el tropiezo pagarían más por traer a la Fórmula 1, perdiendo algunos privilegios que había en el primer contrato. El proyecto inicial, una carrera de Moto GP para 2013 y la ayuda gubernamental se desdibujaban y los nubarrones comenzaron a formarse sobre el gran sueño.
El todavía propietario de más de 20% del proyecto, Tavo Hellmund, parecía no estar de acuerdo con las decisiones que estaban tomando sus socios y al dejar el liderazgo del proyecto se ponían en duda varios de los elementos que él había atraído y que hacían soñar con un escenario espectacular.
En su lugar la promotora colocó a estrellas de la promoción y elmarketing traídas de la liga de hockey (NHL) y las carreras de caballos, aunque ninguna con experiencia en automovilismo.
El resultado de esta maniobra es visible en la baja cifra de boletos vendidos, que se esperaba volaran apenas se pusieran a la venta.
Seguramente, estos genios de la mercadotecnia escucharon que en lugares como la Plaza de Toros México y el estadio de los Vaqueros de Dallas el derecho de apartado era todo un éxito y trataron de hacer el negocio de su vida, poniendo a la venta derechos de apartado de hasta cinco mil 500 dólares, que no incluyen los boletos que están entre 500 y mil 250 dólares.
Ante este escenario viajamos a Austin para saber qué estaba pasando realmente.
Para tristeza de los aficionados que ya tenían boletos de avión o de menos las gorras sobre las que pedirían autógrafos, de los estadunidenses que creían que por fin tendrían un Gran Premio digno y hasta de las marcas que ya se frotaban las manos con la oportunidad de tener presencia en una carrera en este país, encontramos un escenario de terror y ningún patrocinador amarrado.
Ni lo impresionante del terreno, el fabuloso trazado o los 500 hombres y decenas de máquinas que vimos trabajando en tres turnos por día, nos dieron la certeza de que el proyecto estará listo para la rigurosa revisión de la FIA, que llegará unos días antes del evento.
Lamentablemente, ni con el permiso del clima o un presupuesto ilimitado, que nuestra fuente nos aseguró no tienen, lograrán construir en tiempo y forma el proyecto inicial.
No encontramos gran diferencia de lo visto en las imágenes que Red Bull hizo públicas hace casi un año, descubrimos que prácticamente ningún plazo de la construcción se había cumplido y entendimos las razones por las que, desde hace ya demasiado tiempo, no se habla de monoplazas en Austin sino de maquinaria pesada.
Cuando se inaugure la pista sólo existirán cuatro tribunas permanentes, donde definitivamente no cabrán las 120 mil personas que se había anunciado, la razón no es otra sino el que muchas cosas han sido modificadas con la intención de tener un proyecto más al alcance de sus manos.
El Circuito de las Américas hoy necesita un verdadero milagro o en su defecto: inversionistas con muchísima suerte y más dinero, que los monoplazas de F1 corran tal y como lo hizo el Red Bull de David Coulthard sobre tierra o que en lugar de esta categoría vaya una exhibición de motocross o de los X-Fighters.
Las cosas no han tomado un buen camino, las demandas entre los propietarios del proyecto han dañado a la organización y lo que ha sucedido no es un buen augurio.
Sólo el tiempo dará la razón a quienes han tomado las decisiones correctas y si tú estás por tomar la tuya no confíes en cualquiera que vea en la incertidumbre la oportunidad de hacer un buen negocio.
A esta pista le hace falta mucho y lamentablemente sus carencias son sólo la punta de un  iceberg que pronto podría hundir a este gran barco.
Una relación agridulce
A pesar de que desde hace más de medio siglo la Fórmula 1 ha tenido gran presencia en Estados Unidos, con 51 Grandes Premios realizados entre 1959 y 2007, nunca pudo consolidarse en la Unión Americana.
Desde la primera temporada de F1 en 1950, Estados Unidos ha recibido a la máxima categoría, primero dentro en las 500 Millas de Indianápolis, que formaba parte del calendario de la máxima categoría, y posteriormente en un Gran Premio de EU por separado.
Entre mediados de los años 70 y finales de los 80 se vivió la etapa de mayor amor entre los estadunidenses y la F1, teniendo incluso durante siete temporadas dos carreras al año.
Ciento cincuenta y siete pilotos estadunidenses han pasado por la categoría, el más reciente Scott Speed con Toro Rosso, entre 2006 y 2007.
Con su llegada a F1 Speed rompió una sequía de 12 años, tras el adiós de Michael Andretti en 1993.
A pesar del gran número de pilotos, sólo dos fueron campeones, el primero Phill Hill en 1961 con un Ferrari y en 1978 Mario Andretti consiguió la segunda corona en un Lotus.
La F1 nunca ha podido asentarse bien en EU por su rivalidad con los campeonatos nacionales de NASCAR, Indy y Grand Am, amados por el público estadunidense.

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