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miércoles, 20 de agosto de 2014

Cuando los Torino conquistaron Europa Hace 45 años, un auto hecho en Argentina con pilotos de nuestro país brilló en las 84 Horas de Nürburgring.

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Nunca en la historia del automovilismo y la industria nacional se logró un equipo tan exitoso como en Nürburgring. En la nota realizada por Tiempo Argentino se recuerda la mejor carrera de un auto argentino en competiciones internacionales.
Por primera vez un equipo argentino de autos, pilotos y mecánicos competirá con las marcas más famosas en el circuito alemán de Nürburgring. Nuestra actitud no puede ser otra que la de la modestia, vamos a demostrar que sabemos hacer las cosas. Este operativo no es improvisado, hace más de dos años que se estudia”. Las palabras de Juan Manuel Fangio, ya alejado de los circuitos como piloto, quien se metió de lleno en una aventura que sería épica para el automovilismo argentino, eran el anticipo de un sueño cumplido. El Quíntuple fue el director de La Misión Argentina, el equipo argentino que participó en “La Marathon de la Route” con tres Torinos 380W en las míticas 84 Horas de Nürburgring.
La apuesta no era para nada sencilla. Con el propio Fangio como la cabeza del equipo nacional, también formaron parte del mismo Tibor Teleki (asesor RR.PP.), Carlos Lobbosco(coordinador general), Oreste Berta (jefe técnico), quien ya en ese entonces empezaba a mostrar todo su talento que aún hoy sigue destacándose, y el doctor Lino de las Heras(médico). En tanto que la plantilla de pilotos estuvo formada por Carmelo GarbatoRubén Luis Di Palma y Oscar “Cacho” Fangio (a cargo del Torino número 1); Gastón Perkins, Eduardo Rodríguez Canedo y Jorge Cupeiro (coche número 2); y Eduardo CopelloOscar M. Franco y Alberto “Larry” Rodríguez Larreta (en el tercer Torino). En tanto que Néstor García Veiga fue designado piloto suplente. Una unión inimaginable hoy en día.
Ese grupo de argentinos, con la chapa de tener al propio Fangio como director, se embarcó hacia Alemania con el objetivo de llevar al auto de fabricación nacional a luchar contra las grandes marcas a nivel mundial en el circuito más exigente y peligroso del planeta. La prueba que tenía un reglamento particular: durante las primeras tres horas de carrera un auto podía tardar hasta media hora en dar la vuelta, pero después, cada giro debía darse en no menos de 15 minutos y no más de 24 como máximo. Habría penalizaciones para el que no cumpliera con esos tiempos impuestos por la organización. Pero había más cuestiones reglamentarias a tener en cuenta. La complejidad en materia del tiempo empleado para las vueltas estaba marcada porque en ese rango indicado estaban contempladas también las detenciones en los boxes para la carga de combustible o para realizar alguna reparación. Y para sumar más dificultad a la prueba, la única persona habilitada a trabajar en el auto era el piloto que estuviera manejando en ese momento. Cada detención en boxes por un desperfecto sería castigado con una vuelta de descuento (algo que sería determinante en la definición de la prueba en contra del equipo argentino); ningún vehículo podía circular sin luces; el número del auto debería estar bien visible porque si no, la vuelta no sería contabilizada; y el ruido del motor no debía superar los 83 decibeles. Así las cosas, luego de mucha espera matizada con pruebas y ensayos de preparación, el 20 de agosto de 1969, los tres Torino largaron la prueba de tres días y medio de duración.
LA CARRERA. Desde un principio, y para sorpresa de los europeos, los Torino se mantuvieron peleando al frente del clasificador. Como si la competencia en sí misma no fuera complicada, en la primera noche apareció una lluvia torrencial que hizo aún más difícil el andar de los vehículos. Aún así, el Torino número 3 rápidamente se ubicó en la cima. Pero el asombro inicial poco a poco le fue dando paso a la certeza de que los gauchos no habían llegado a Nürburgring sólo para competir, sino que se había formado un grupo para pelear por la gloria.
Con el correr de las horas las complicaciones empezaron a hacer mella en los participantes. Ya cumplidas 42 de las 84 pactadas, el Torino número 2, en ese momento con Cupeiro al volante, se salió de pista, quedó colgado sobre la banquina, y no pudo volver. No obstante, Copello se mantenía al frente del clasificador a bordo del vehículo número 3. En ese momento de la prueba el desgaste era altísimo. Las horas, el cansancio, y el trabajo extra (entre otras cosas los pilotos cambiaban pastillas de frenos, arreglaban las luces o cambiaban neumáticos) empezaban a pasarle factura a todos los competidores.
En la segunda noche, para desgracia de los argentinos, otro Torino dijo adiós cuando Di Palma se quedó sin luces y se despistó en una zona de mixtos veloces. Sólo el número 3 seguía en carrera y los muchachos de los otros autos se juntaron en el box del equipo nacional para alentar a los valientes que seguían en carrera.
Las horas pasaron, las vueltas se acumularon, pero a pesar del buen andar del último Toro en la pista también aparecieron las sanciones. Finalmente, luego de las durísimas 84 horasel Torino de Copello, “Larry” y Franco hizo historiahabía sido el auto que más vueltas dio en toda la competencia con 334 giros, pero debido al sistema de penalizaciones por paradas en boxes cayó a un heroico cuarto lugar en la general –además ganó su clase- con 315 vueltas computadas, detrás del Lancia ganador (registró 322 vueltas), un BMW (318) y un Triumph (315). La gesta argentina quedó marcada a fuego en un pueblo fierrero que colmó el aeropuerto de Ezeiza para recibir a los héroes de La Misión Argentina. Gracias a aquella epopeya de aquel agosto del 69 empezó el amor por una marca que aún hoy hace historia de la mano de otro Di Palma, Josito, nieto de Rubén Luis, quien ganó la última fecha del TC. Una historia de pasión que empezó a escribirse hace 45 años. 

via http://elgraficodiario.infonews.com

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